LA LUNA
Xóchitl llevó el Tlalocómitl al dios de la noche,
Tezcatlipoca, quien reinaba sobre las estrellas y los astros en el cielo.
Juntos, colocaron la flor en el centro del firmamento, donde se transformó en
un resplandeciente disco plateado que iluminaba la oscuridad de la noche. Este
disco se convirtió en la Luna, un símbolo eterno de amor y belleza.
La Luna se convirtió en un faro en la oscuridad, guiando a
los viajeros y brindando luz en las noches más oscuras. Xóchitl, como creadora
de la Luna, también se convirtió en su protectora, velando por su bienestar y
su brillo eterno.
Cuentan los antiguos que, cuando Xóchitl sonríe, su radiante
luz se refleja en la Luna, haciendo que brille aún más intensamente. De esta
manera, la diosa mexicana dejó su huella en el cielo nocturno, recordándonos
que el amor y la belleza pueden iluminar incluso las noches más oscuras de
nuestras vidas.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario